sábado, 1 de diciembre de 2018

IMPORTANCIA DE LA INTERSUBJETIVIDAD EN LA CONSTITUCIÓN DEL SUJETO ÉTICO

CONSTITUCIÓN DEL SUJETO ÉTICO

Pero no es el yo individual el único horizonte de le eticidad humana, pues el fundamento y posibilidad de la libertad creadora de las acciones propiamente éticas, entendida la acción humana como principio y como voluntad, no se dan en el vacío. El yo no puede llega a ser plenamente un yo ético, es decir, un ser que pueda alcanzar su autotrascendencia, si es concebido al margen de la comunidad de yoes con los que convive cotidianamente, y constituyen por ello mismo, la condición de posibilidad de su confirmación y reconocimiento como tal yo.
Savater concibe al yo ético a partir de los principios que para él constituyen los puntos de partida de la reflexión ética, como son: la acción, la existencia dinámica, la posibilidad y la libertad. Sin embargo, un nuevo principio que agrega los anteriormente citados en la intersubjetividad. 


EL QUERER COMO POSIBILIDAD

EL QUERER COMO POSIBILIDAD
La ética del deseo, de la posibilidad y de la libertad transforma el principio cartesiano "pienso, luego existo", por el de "quiero, luego existo". Si la acción humana es el fundamento de toda moralidad, para ser el hombre primero tiene que querer ser. Ya no se trata ahora de la acción como fundamento, sino de interrogar por el fundamento del fundamento, esto es, por aquello que está detrás de la acción misma, y que es precisamente la voluntad como fundamento de a acción ética. Así, el nuevo principio de la subjetividad ética no es el deber, sino mi voluntad más profunda.
Querer es querer ser: y querer ser es querer más, querer acendrarse y ampliarse más en el ser.
El querer como posibilidad, por consiguiente, implica que: "Es de mi querer esencial, no de un querer parcial o cosificado, sino del querer que radicalmente me constituye, de donde tienen que brotar mis normas y mis valores. Mi querer es mi deber y mi posibilidad, lo que el querer descubre". 


EL HOMBRE COMO SUJETO DEL DESEO

SUJETO DEL DESEO➣
Dentro de las estructuras éticas y ontológicas del ser del hombre se encuentra principalmente en el deseo, elemento constitutivo que nos hace seres humanos. 
Desde el sentido común, el deseo tiende a ser identificado con el deseo sexual. En esta misma línea de interpretación, pero desde un enfoque científico, la concepción freudiana asocia el deseo con la líbido, es decir, con el impulso sexual reprimido con el individuo, no susceptible de realización, precisamente por razones sociales, axiológicas y culturales. 
Con el amor entendido como impulso de vida, y a su vez como fuente originaria de la valoración y de la creación de los valores, aparece muy cercana a una significación ética del deseo.
Para Juliana González, se trata de un deseo radical, no de cualquier deseo, sino de aquél gracias al cual hombre expresa su anhelo deseo de se.
Para Fernando Savater, para quien, en el origen de la acción humana está siempre mediando el deseo humano de querer ser más.
El hombre activo es el hombre que quiere, que desea: el sujeto que afirma la acción como principio es fundamentalmente deseante. 


EL HOMBRE COMO:

PERSONA
Boecio, quien vivió en el siglo VI, definió a la persona como una "sustancia individual de naturaleza racional". Desde Aristóteles, la sustancia se viene definiendo como algo que es en sí y no en otro, de lo cual inferimos que la persona en tanto sustancia es sustento de sí misma, de todos y de cada uno de sus actos.
Para Emmanuel Kant, el concepto de persona aparece fuertemente asociado al de respeto, ya que éste se da en dos sentidos: como respeto, ya que éste se da en dos sentidos: como respeto a la ley, y como respeto a la persona.
Los seres racionales se llaman personas, porque su naturaleza los distingue como fines en sí mismos, o sea, como algo que no puede usar usado meramente como medio...
Emmanuel Mounier, define a la persona a partir de cuatro elementos:
1. Salir de sí: esto es, descentrarse, estas disponible, en una palabra, apertura.
2. Comprender: esto es, abandonar el propio punto de vista para acoger el del otro.
3. Asumir: como tomar sobre si, hacerme cargo.
4. Fidelidad: en el amor, en la amistad, como expresión de consecuencia y no de obsecuencia. 
La persona se define en función de la posesión o no de ciertas disposiciones cognitivas y afectivas.


EL HOMBRE COMO:

POSIBILIDAD 

El hombre es acción, es posibilidad de llegar a ser todavía lo que no es. El hombre es un ser con posibilidades de optar por varios cursos de acción cuando se le presenta una situación en donde entra en juego su capacidad de decisión. En tal sentido, la posibilidad es en sí misma un rasgo constitutivamente moral del hombre, en tanto que con su ejercicio  trasciende su propia animalidad.
El hombre es un ser de posibilidades, puesto que no se encuentra hecho, consumado, paralizado, sino que se mueve, precisamente porque es "construible", en un universo impreciso lleno de posibilidades.
Este concepto de posibilidad se halla muy ligado con otro concepto muy importante en todas las culturas, que es la idea de elección. Esto es así, porque el hombre se encuentra ante la posibilidad, ya que puede realizarla. Y la realización de esa posibilidad es la elección.
El hombre, al asumirse como un ser de posibilidades, trasciende su propia animalidad, opta por diferentes cursos de acción a través del acto de elección. 


EL HOMBRE COMO:

ACCIÓN
Concebir al hombre como un ser activo ha sido uno de los temas en los que algunos filósofos de todos los tiempos han coincidido, desde Platón y Aristóteles, pasando por Spinoza, Leibniz, Marx, y, en nuestros días, Fernando Savater. Por lo que no puede haber mejor comienzo para quien pretende acercarse al estudio de la ética, que tomar como punto de partida a la acción, concretamente a la acción humana. 
Para el sofista Platón "conocer es actuar", quería decir que esta acción sobre las cosas que es el conocimiento, constituye al instrumento simbólico mediante el cual, al relacionarse cognoscitivamente con ellas, el hombre las hace inteligibles. 
Aristóteles distinguió dos clases de actividad humana: la praxis, instranstitiva, que consiste en el puro ejercicio del sujeto, y la poiesis, transitiva, que consiste en hacer algo y dejar como remanente un producto. 
Para Fernando Savater la acción humana es el principio fundamental del que habrá de arrancar toda reflexión ética que se precie como tal, ya que para él, el ser humano consiste en estar haciéndose, es decir, en esa lucha que pretende vencer la resistencia que le ofrecen las cosas.
Para todos los filósofos mencionados, como podemos observar, el hombre, cada hombre en particular, es lo que hace y se hace en su actividad. 


CONSTITUCIÓN DEL SUJETO MORAL

CONSTITUCIÓN DEL SUJETO MORAL

Se afirma que somos, según cierta tradición de la filosofía moral hispana, seres constitutivamente morales, lo que significa, para decirlos en términos coloquiales, que "no nos queda de otra". En esto, y, parafraseando a Jean Paúl Sartre, estamos condenados a ser sujetos morales. Podemos comportarnos de forma moralmente correcta en relación con determinadas concepciones del bien moral, es decir, en relación con determinadas normas y códigos morales para nosotros valiosos, o bien, en el otro extremo, podemos comportarnos de forma inmoral con respecto a ellos, pero estructuralmente hablando, no existe ninguna persona que se encuentre situada "más allá del bien y del mal". Esto significa que ante el hecho moral, por más que queramos, no podemos ser indiferentes: somos seres morales tanto porque nos apegamos a cierta moral como nos apartamos de ella.